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* Viaje recomendado por Kik Balanga en Islandia
10 días recorriendo la isla

Descubre la opinión de Kik Balanga

UN ANILLO DE PAISAJES

La “Ring Road”, o Ruta Nacional 1, es, como su nombre sugiere, un gran anillo, una carretera circular que recorre toda Islandia muy cerca, o lo más cerca posible de sus costas. Es posible recorrerla en el sentido de las agujas al reloj o al revés… Y por alguna razón misteriosa todo el mundo, prefiere hacerlo al revés. 

Lo que en este caso sí hemos pensado al derecho es la elección de los alojamientos. Islandia cuenta con una red impresionante de «cottages», algunas aisladas en parajes remotos y poco accesibles, otras agrupadas en «urbas» seguras, confortables, accesibles y perfectamente dotadas de servicios (recepción, seguridad, supermercados). 

Desde que empezó el boom turístico en Islandia, sus cifras de visitantes, crecieron más deprisa  que la construcción de hoteles, de modo que la solución fueron las cabañas, pequeñas, fáciles de construir y mantener y adaptables a cualquiera de los maravillosos entornos naturales (algo que no siempre es viable si se trata de un gran hotel).

Así nacieron las cottages, también llamadas cabins o huts, enteramente forradas de madera, por fuera y por dentro, coquetas, confortables y amuebladas desde una inspiración minimalista aunque provistas de cocinas modernas, electrodomésticos, camas confortables y, en muchos casos, estufas, chimeneas, terrazas y hasta pequeños jardines.

Serán vuestro hogar mientras recorréis el país de arriba abajo. Sentiréis ese olor a madera, esa sensación de vivir entre los bosques y la naturaleza que las rodea. Y no será raro que veáis caballos u ovejas cuando os asoméis a la ventana, mientras los aromas del campo y del café recién hecho os invitan a recibir el día. Una gozada de verdad, ya me lo diréis. 

¿Cuánto Tiempo es necesario para hacer el Ring Road? 

El trazado completo de la ruta es de 1.340 kilómetros, con salida y llegada en Reykiavik, si se recorre solamente  el anillo principal, (basta con ocho días), pero si se incluye la Península de Snaefellsnes, el viaje se incrementa en otros 400 kilómetros. Ya estaríamos hablando tres o cuatro días más.

Este recorrido circular por lo más atractivo, más interesante y más impactante de la privilegiada naturaleza islandesa sí incluye la Península de Snaefellsnes, porque yo considero, y estoy seguro de ello porque afortunadamente conozco Islandia de arriba abajo, que abandonar el país sin haber visto esa región, muy parecida y muy diferente a la vez al resto de la isla, es una lástima y un desaprovechamiento del tiempo y el dinero. 

Islandia es un espectáculo vivo, una exhibición sin tregua, un never ending show de accidentes naturales incontables, desde volcanes dormidos, despiertos o sesteando, hasta cascadas escandalosamente bellas, ya sean pequeñas, altas, bajas, caudalosas, tímidas o rebuscadamente originales, como la hermosa y única cascada de Hraunfossar, precisamente en  Snaefellsnes, que no nace de ningún río sino de una inmensa plataforma de piedras de lava. 

Sólo por eso merece la pena ir hasta Snaefellsnes, pero creo sinceramente que hasta el último rincón de Islandia merece la pena porque ese a país, aunque lo parece, y tiene sitio en él, no es de este mundo. 

No son normales esos chorros de agua hirviendo desde el corazón de la tierra, ese fuego encerrado en sus cientos de volcanes, esos fantasmas de basalto que emergen del mar como nigromantes vengativos, esos glaciares que hunden en el océano sus muchas toneladas de hielo, esas chimeneas volcánicas, con sus eternas fumarolas amenazando el cielo, esas playas negras… Esos submundos de fuego palpitando ahí abajo, como chakras infernales, mientras que la superficie se cubre de hielo impenetrable y perpetuo. 

Para eso se construyó esa Nacional Uno que vais a tener la suerte de recorrer en coche. 

Para descubrir cada cosa sin prisa y a vuestro aire. 

Para saborear el ambiente naïf de sus cabañas de madera, que os alojarán de una punta a otra del país. Aprovechad el brevísimo paréntesis verde y luminoso del verano. 

Oled sus bosques, escuchad sus pájaros, sumergíos en sus aguas termales a un paso del hielo, pisad esa tierra embrujada que cruje,  y se mueve, y a veces revienta… Jamás olvidaréis Islandia. 

Alojamientos

ALOJAMIENTOS PROPUESTOS

No podemos saber qué alojamientos podremos confirmar antes de realizar la solicitud en reserva en firme de disponibilidad  porque incluso las áreas  del itinerario son orientativas, dada la escasez de alojamientos y la dispersión de los mismos en cada zona. Una vez  se formaliza la reserva, empezamos con las consultas de disponibilidad en cada zona para confirmar la mejor opción disponible.

Es importante tener muy claro antes de iniciar el viaje que los alojamientos que ofrece Islandia son siempre sencillos, muy prácticos y funcionales.

El punto fuerte de Islandia  son los paisajes, cascadas, volcanes, glaciares no el alojamiento.

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Agenda detallada del viaje

Día 1 - de Madrid a Reykjavik. Visita de la ciudad.

Ya estáis en la bella y remota Islandia. 

Alguien de la tripulación os dará la bienvenida y os deseará una estancia feliz, que es lo que también yo os deseo, pero que nada os distraiga del paisaje exterior minutos antes del aterrizaje. Arriba podéis encontraros desde cielos de un azul extremo hasta nubarrones negros sobre fondo color plomo, pero el panorama de la tierra desde el avión siempre es la primera gran sorpresa: paisajes blancos, negros, azulados… espectaculares bosques y pequeños oasis verdes en verano. 

No se os ocurra perderos ese espectáculo.

Y entre los paisajes blancos y los bosques verdes… algún que otro lunar de vida urbana, naturalmente. Reykjavik es probablemente el más grande, aunque una vez desembarcados y alojados en el hotel, os parecerá pequeña y abarcable. 

Acogedora, incluso, a pesar del frío. Porque esa es otra. Si es invierno porque e invierno, y si no, porque hasta en los más cálidos días del verano (un decir) se producen cambios bruscos de temperatura, especialmente cuando se va el sol. 

Mis recomendaciones para un city tour suficiente y nada agotador, son la iglesia luterana de Hallgrímskirkja, con su torre de 73 metros (se puede subir por unos cinco euros); la estatua de Leif Erikson, un vikingo de pro y la calle Laugaveugr (bares y más bares, tiendas y más tiendas, buenos restaurantes y esas gente rubia y rosada que en España se nos quema a la más mínima.

Por Laugaveugr llegaréis hasta la zona del Ayuntamiento y de ahí al lago Tjörn (normalmente helado) y a la catedral luterana Dómkirjan. No es muy grande, ni especialmente bonita, pero es uno de los templos más importantes del país.  En cambio, El Harpa, el edificio de la ópera, sí merece la pena.  

Unas cuantas fotos más, y a cenar (en esa misma calle, Laugaveugr, encontraréis de todo y para todos los gustos y bolsillos).

Días 2 y 3. Comienzo de la ruta. Rumbo sur. Parques. Cascadas. Geiser....

¡Buenos días y feliz desayuno! Sólo os queda recoger vuestro vehículo de alquiler en el mismo hotel (imprescindible tarjeta de crédito) y a tirar millas. Lo que viene son días apasionantes, sorpresas sin tregua y escenarios que os van a dejar helados, y perdón por el chiste baratillo. 

Uno de esos primeros escenarios es el Parque Nacional de Þingvellir (Thingvellir), sede del antiguo Parlamento Vikingo (el Alphing, que así se llama, estuvo funcionado desde el siglo X hasta el XVIII, o sea, que tiene su historia). 

También podréis visitar la iglesia de Þingvellir  y unas antiguas ruinas de piedra, aunque lo más fuerte, a mi entender, es la propia orografía del parque, situado en la escarpada brecha que forman las placas tectónicas europea y norteamericana. 

No necesito decir que, a partir de este singular accidente geográfico, podéis encontraros de todo: acantilados rocosos, fisuras, fallas… (no os perdáis la de Almannagjá).

Seguimos con las visitas, en este caso , la super super imperdible, imprescindible, etc., etc.  Gullfoss. La cascada dorada (eso significa la palabra islandesa Gullfoss) es uno de los saltos de agua más impresionantes de Europa, tanto por sus increíbles dimensiones, como por las enorme cantidades de agua que lleva su caudal. 

No es ni la más grande ni la más bonita del país, que las tiene espectaculares y preciosas, pero al estar tan cerca de Reykjavík se ha convertido en la más famosa y la más visitada. 

Como digo, las hay más grandes, pero esta tampoco está mal. Y tanto asustan a muchas personas sus dimensiones que, aunque el gobierno islandés la tiene totalmente protegida y nadie puede acercarse más allá de los lugares vallados, hay gente que no se la juega y se dedica a fotografiarla desde una cierta distancia. 

La ventaja de esa precaución es que no te mojas, mientras que si te acercas, puedes acabar empapado.

El espectáculo es incomparable. La imagen y el sonido del agua precipitándose sobre la poza es de película, y no digamos la cortina de vapor, inmensa y perpetua, que se produce tras la caída de setenta metros.  Lo más normal es que esa cortina produzca a su vez un enorme arco iris sobre la cascada, por eso los lugareños decidieron llamarla así: la cascada dorada. Grandiosa, divina y todo lo que queráis, pero que no se os olvide el chubasquero.

Tras la visita a Gullfoss os acercaréis a la zona geotermal de Geysir, el padre de los géiseres. 

Geysir fue un enorme surtidor de más de veinte metros de diámetro. Los que pudieron contemplarlo tuvieron delante  un agujero gigante del que emanaba una torre de agua de sesenta metros de altura.

Hablo en pasado porque, lamentablemente, Geysir ya no dispara sus chorros de agua hirviendo al cielo. Como no era muy activo, algunos desalmados decidieron tirar jabón y productos químicos para acelerar la frecuencia de sus explosiones, lo que provocó el efecto contrario. Ahora sólo es una gran charca de agua caliente.

No obstante, en la zona de Geysir todavía hay algunos géiseres activos. El más conocido es Strokkur, que eclosiona aproximadamente cada cinco minutos y puede alcanzar una altura de unos veinte metros. Yo os aconsejo que os alejéis un poco para hacerle fotos, ya que se puede ver mejor con un poco de perspectiva. Pero como se activa cada cinco minutos también podéis verlo alguna vez de cerca.

Y vamos a por más cascadas (las espléndidas Seljalandsfoss y Skógafoss, a unos treinta minutos la una de la otra) y a por un poco de brisa marina, la de Dyrhólaey, en el extremo sur de la isla. Con sus aves y playas de arena negra, Dyrhólaey es una formación rocosa (tiene unos 120 metros de longitud) que se interna en el mar y nos sorprende, esa es sólo la primera sorpresa, con un curioso arco creado de forma natural por la erosión marina.

Paseando por esta formación rocosa tendréis desde allí unas vistas increíbles: el faro, el pequeño pueblo de Vík, muy cerca del glaciar Myrdalsjokull (y dentro de él el volcán Katla) y los famosos acantilados de.Reynisfjall. Flanqueando este pequeño cabo, os encontraréis, a un lado y al otro, increíbles playas de arena negra invadidas por pájaros de todo pelo (o mejor, de toda pluma). Nadie sueña con bañarse allí, pero sí con asomarse para temblar con el furor del oleaje y las corrientes (también es posible temblar de frío, incluso en verano). 

Acordaos, esta zona se llama Dyrhólaey y sus playas negras se consideran las más bonitas de Islandia.

Y ya que nos metemos en topónimos (los de Islandia tienen su aquel) quedaos con este: Reynisdrangar. Es el nombre de las chimeneas volcánicas que, justo en la punta del cabo, resisten los embates del mar bravío y custodian con sus malos humos los tesoros que tienen detrás. 

Y aquí va otro nombrecillo: los Reynisdrangur, que no son más que tres formaciones basálticas en mitad del mar, sesenta y seis metros, nada menos, la más alta. 

La leyenda popular, muy estilo Tolkien, no habla de piedras sino de los troles Skessudrangar, Landdrangar y Langhamrar, que, al ser sorprendidos por el sol, se quedaron petrificados. En resumen, este revolutum de nombres imposibles os va a dejar en la memoria y en el corazón una de esas visiones oníricas (esta, en negro, azul, verde y rojo lava) que han hecho famosa a Islandia. Impresionante de verdad.

Si todavía os queda tiempo y fuerzas, podréis visitar el Parque Nacional de Landmannalaugar, el paraíso de trekking, o el Valle de Pósmörk. La ruta de Landmannalanguar transcurre entre maravillosos paisajes que sintetizan todos los contrates de Islandia: volcanes, glaciares, fumarolas, campos de lava, montañas, cascadas (¡todavía más!)… En cuanto a Pósmörk, una cordillera situada  entre los glaciares Tindfjallajökull y Eyjafjallajökull, es una de las zonas de senderismo más populares de Islandia. El valle está cerrado y ello permite a los senderistas disfrutar de un clima especialmente cálido, mucho mejor que en el resto del sur islandés. Os gustará el Krossá, un río frío y rápido que desciende de los glaciares y serpentea vigoroso entre las montañas.

Día 4. Sur – Sureste

Atravesando extensos campos de lava y playas de arenas negras (hay muchas), llegaréis al Parque Nacional de Skaftafell, situado a los pies del glacial Vatnajökull, el más grande de Europa.  Aquí os esperan los famosos frailecillos, las aves emblemáticas de Islandia, la playa de Reynisfjara (negra, naturalmente), o las lagunas glaciares de Fjallsálron y Jökulsalron, cuajaditas de icebergs. 

Os recomiendo vivamente una excursión en barco por esta última, es una experiencia pero que muy guay. 

A mí el Vatnajökull me dejó bastante boquiabierto, pues no sólo es el glaciar más grande de Europa sino que, para que nos hagamos una idea rápida, su masa helada supera a todos los demás glaciares de Europa juntos, incluidos los otros de Islandia. 

Su espesor medio es de cuatrocientos metros, pero hay zonas donde el espesor puede llegar a más de mil, quedando la enorme masa helada por debajo del nivel del mar. Además, es tan original que su superficie no es blanca sino negruzca, debido en parte al arrastre de sedimentos en general, y muy especialmente a la ceniza de algunas erupciones volcánicas que se han producido cerca en los últimos años. A mí me pareció una especie de monstruo oscuro. 

Ah, y aunque halláis visto ya unas cuantas, y las que quedan, no os perdáis la Svartifoss, una de las cascadas más bonitas de toda Islandia. No es la más alta ni la que lleva más agua, pero su caída queda enmarcada por un conjunto de columnas basálticas de enorme fuerza visual. Tienen forma de hexágono, exactamente la que adopta el magma al enfriarse y solidificarse rápidamente. Por algo se llama, en castellano, “la cascada negra”.

Días 5 y 6. Rumbo norte

Días de largo recorrido (más bien larguísimo) conduciendo a través del paso de Öxi, al este de la isla, hasta llegar a la zona más septentrional. Un atracón de carretera, sí tengo que deciros la verdad. Un atracón de paisajes, también.

Aprovechad estos días en el norte para conocer sus  espectaculares atractivos: la cascada Goðafoss, el lago Mývatn, el Parque Nacional de Jökulsárgljúfur o la cascada Dettifoss, la más potente de Europa por su gran volumen de agua. Además, vais a visitar Akureyri, la animada capital portuaria del norte, y Húsavík, una encantadora villa de pescadores donde es muy muy probable que veáis algunas ballenas.

Días 7 y 8. Rumbo oeste. Península de Snæfellsnes

Días destinados a recorrer por completo la península de Snæfellsnes, dominada por el volcán-glaciar Snæfellsjökull, con el siguiente menú: visita de los valles internos de Borgarfjörður, los manantiales de Deildartunguhver, las cascadas de Hraunfossar y la morada histórica de Reykholt. Por si seguís con hambre de volcanes o de cascadas…

Snæfellsnes es una Islandia pequeñita, como en en miniatura, pero igual de hermosa, y tan llena de alicientes como la hermana mayor. Cuando atraveséis la espléndida costa rocosa y una gran variedad de montañas, estaréis ante uno de los mayores: el Snæfellsjökull.

La joya de la corona de esta pequeña península al noroeste de Islandia es un magnífico volcán adornado con hielo durante todo el año. 

Su belleza ha inspirado durante siglos a artistas y escritores, pero fue Julio Verne quien lo hizo famoso situando en este lugar el escenario de su novela ‘Viaje al centro de la Tierra’.

Snæfellsnes es también uno de los mejores lugares del país para observar orcas desde la orilla del océano, así que  no olvidéis echarle un vistazo. 

En cuanto al Valle de Borgarfjörður puedo decir con propiedad que es un lugar de cuento, pues es el escenario de la mayoría de las sagas islandesas. Casi todas están inspiradas en el paisaje, la naturaleza y la cultura de esta singular región. 

Lo que no es ningún cuento son los 180 litros de agua por segundo que libera el Deildartunguhver, el mayor manantial de aguas termales de Europa (aunque su caudal sea el más grande del mundo). Temperatura del agua: cien graditos. No está mal…

El agua de Deildartunguhver se utiliza como calefacción central desde 1925. Al estar sólo a 19 metros sobre el nivel del mar, necesita ser bombeada mediante un sistema de tuberías de distribución que tiene un total de 74 kilómetros, el más largo del mundo de este estilo. 

Aunque la temperatura va bajando a lo largo de este recorrido, numerosas pueblos y aldeas viven calentitos gracias al inagotable chorro caliente del Deildartunguhver. Sólo los chorros de vapor que produce el manantial (hay un montón de carteles que te prohiben acercarte) son ya un espectáculo imponente. 

Y vamos terminando. Como en Reykholt, con ser uno de los sitios históricos más notables de Islandia, no hay mucho más que su iglesia y la memoria de un autor medieval, Snorri Sturluson, me despido con una belleza (¡otra!) que no se os va a olvidar. Hraunfossar no es una cascada muy caudalosa, ni muy alta, pero sí son realmente preciosas las formas que dibuja el agua al caer, en forma de pequeños chorros, por una inmensidad de piedras de lava. Y ahí está su gracia, en que no es una cascada que proceda de ningún río, sino que nace directamente del campo de lava Hallmundarhraun. El agua atrapada entre las rocas cae formando riachuelos, y esos riachuelos, convertido en cascadas finas, se encadenan en un encaje de bolillos maravilloso antes de llegar a las aguas del rio Hvité. 

Bonito de caerte, palabra. 

Día 9. Regreso a Reykjavík

Y aquí se me acaba el discurso, porque hay que conducir hasta Reyjkavik y entregar el coche. Pero nos os preocupéis, seguiréis viendo alguna que otra cascada por el camino, o el perfil inquietante de algún que otro volcán, a lo lejos. 

Islandia es mucho Islandia. 

Día 10. De Reyjkavik a Madrid

Según el horario de vuelo más o menos tiempo libre para las últimas visitas en la ciudad,  compras, etc.

Traslado al aeropuerto en Flybus y vuelo de regreso a España.

A pesar del frio y ser la tierra de hielo… Me fui con un cálido recuerdo y paisajes increíbles en la retina. Deseando volver.

Hasta la vista y feliz regreso a casa, ¿Qué váis a hacer con tantos recuerdos felices?

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